¿Alguna vez sintieron que por fin pudieron dar un paso y de pronto ¡PUM! viene un tractor y los lanza 30 metros hacia atrás? Claro, no en el sentido literal.
Eso fue para mi el día de ayer. A una semana de terminar mi relación con Él me derrumbe, y no se si fueron los comentarios en la fiesta a la que fui, o si fue simplemente parte del proceso. Pero ayer las ganas de saber como estaba, de saber si estaba bien o mal, si aun estaba pensando en mi me inundaron y no pude.
Lo llame.
Si, si. Much@s pensaran que soy una tonta y de hecho si, si lo soy. Pero no por las razones que ustedes piensan. Verán, para mi el orgullo siempre fue un concepto que nunca entendí. ¿Por qué tener orgullo cuando queremos a alguien? ¿Por qué meternos en este lugar en donde hacemos como si no nos interesara para nada la otra persona? ¿Por qué queremos pretender ser o sentir algo que no sentimos? Para mi las palabras y los sentimientos se dicen, se expresan, se sacan del pecho. Si no, se quedan ahí a pudrirse.
Entonces lo llamé. Y descubrí muchas cosas que me llenaron de miedo. Como el cambio en su tono de voz, sus palabras cortantes, sus frases terriblemente pensadas y calculadas para no dejar que yo penetre esta barrera que Él esta construyendo. Le dije que a pesar de que las cosas no funcionaron aun lo seguía queriendo y que así ya no estemos "enamorados" no podemos evitar querernos... 3 años no es poco.
Pero Él seguía siendo (o fingiendo ser) fuerte, como siempre lo fue.
Esa llamada y posteriores mensajes fueron como una llamada de atención. Él realmente está intentando borrarme por completo de su vida, y lo esta haciendo apretando el acelerador. ¿Eso significa que tu no lo intentas Priscilla? No. Eso significa que estamos intentando dos cosas distintas. Mientras yo intento seguir con una vida que durante tres años lo incluyó a Él, Él intenta borrar esos tres años.
Y eso duele.
No ha sido fácil chic@s. Y esa llamada sólo lo hizo peor.
Cuando una relación termina. ¿Qué nos queda? Acompáñenme a descubrir como es que uno realmente supera una ruptura. Como es que uno continua y se recupera a sí mismo.
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lunes, 31 de marzo de 2014
Y de pronto... Pum.
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viernes, 28 de marzo de 2014
Devuélvanme la noche.
Despertar es la peor parte.
Tener que abrir los ojos después de no estar pensando en todo lo que paso me parece la parte más difícil de todo este proceso. No sé si a ustedes les pase pero, a medida que el día pasa las cosas se ponen más llevaderas.
A diferencia de la estúpida mañana.
Llorar se ha convertido en una constante en estas horas y las preguntas: "¿Cómo despertaste?" y las miradas de compasión de mi familia y los mensajes de preocupación en Facebook, Whatsapp y a mi celular son un poco... abrumadores. Sé que dije que un sistema de soporte es importante y etc, etc, etc. Pero a veces necesitas soledad. Tiempo para ti. Desconectarte. Es por eso que todas las noches apago mi celular y el día de ayer cerré mi cuenta de Facebook (bueno, no la cerré. Pero sí la desactive).
Una cosa que no saben de mi es que esporádicamente hago trabajos de modelo y el Facebook es una herramienta de trabajo para mi. Así que dude un poco, pero la verdad es que el fin de semana se acerca, y en una ciudad tan pequeña como la mía en la cual el sábado una nueva discoteca se abrirá, me da pavor. No deseo ver fotos, ni tags, ni estados, ni nada que puedan hacerme volver a retroceder el medio centímetro que avance.
Pero volviendo a mis mañanas, desde el momento en el que despierto al momento en el que me doy cuenta de lo que realmente está pasando en este momento de mi vida hay un par de minutos. Un par de minutos en los cuales todo aún es como antes. Él hará esa llamada para darme los buenos días en 3, 2, 1...1...1? y nada sucede. Es justo ahí cuando mi cerebro hace la conexión entre la rutina y la realidad y me da una cachetada. "Él no va a hacer esa llamada Priscilla, Él ya no está".
El resto del día esa cachetada sigue doliendo.
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